A quien le ha donado la vida, Santa Rita ha donado la suya.
De este gesto de amor total nace el corazón de nuestra misión, que sigue latiendo hoy, siglos después, en el seno de nuestro monasterio y en el de cada devoto, voluntario y colaborador. Dar y entregarse: este es el espíritu que nos guía.
Es este el deseo profundo que nos impulsa cada día para hacer posible lo imposible, paso a paso. De esta fuerza nace el crecimiento de nuestra Fundación, hoy reconocida como Entidad Filantrópica. Un crecimiento tangible, que se mide con números, pero sobre todo con los rostros y las vidas a las que llegamos. En 2024 hemos duplicado los proyectos de caridad financiados, llevando ayuda allí donde la vulnerabilidad es mayor, tanto en Italia como en el resto del mundo.
Hacia días más luminosos, juntos
Pero no nos detenemos en la respuesta inmediata. A quienes solicitan nuestro apoyo —misiones, entidades, asociaciones— les ofrecemos herramientas para crecer, formarse y alcanzar su autonomía. Porque apoyar no significa solo financiar: significa construir futuro.
Nuestra mirada se dirige al 2025 con determinación y objetivos claros: aumentar la sostenibilidad y la capacidad de medición de los proyectos, diversificar las fuentes de ingresos, abriéndonos también a financiación pública y privada, fortalecer la relación con nuestros donantes, verdadero motor de nuestra acción. Todo converge hacia un único propósito: contribuir a la construcción de una sociedad más justa y más humana, sin barreras, donde nadie se sienta solo en su sufrimiento.
No es un sueño. Es un camino real, hecho de rostros, manos, corazones. Es un compromiso diario que llevamos adelante con tenacidad, gracias a la unión de muchos: donantes, voluntarios, misioneros, religiosos y laicos. Una gran familia, unida por un mismo amor activo.
Un arco iris de esperanza, en el que cada gesto —pequeño o grande— es un don precioso.